viernes, 9 de febrero de 2007

Hace un rato me levanté, me preparé un café, y mientras leía el diario intentaba acordarme de un sueño que tuve anoche. Al principio sólo tenía la certeza de que Emilia aparecía allí de alguna manera. Luego recordé una calle cerca de las vías del tren por la que solíamos andar con Emilia cuando recién nos conocíamos, y nos gustaba ir caminando hasta una plaza en la que nos quedábamos charlando largo rato sentados en el mismo banco siempre, ella mirando hacia los árboles y yo mirando cómo se perdían las vías a lo lejos. En el sueño aparecía la misma calle pero de noche, y yo caminaba despacio queriendo alcanzar un galpón viejo que se veía en una esquina. Cuando por fin estoy adentro siento la presencia de Emilia y subo unas escaleras. Ahí está ella, derramada sobre una cama, mirándome terriblemente sensual. Me tiro sobre su cuerpo de mujer y en el sueño aparece la palabra "carne" junto con una intensa sensación de carne y piel perfumadas.
Dejo la taza sobre la mesa, levanto la vista del diario y recuerdo que hoy voy a ir a cenar con Emilia y luego quizá vayamos al cine. Mientras me levanto y me preparo para salir pienso que a veces los sueños dejan un sabor impreciso que no termina de enjuagarse y temo que dure todo el día.

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