El último paciente me dejó pensando con algo que me dijo: "Me angustio preguntándome el sentido de la vida... Luego digo '¿qué sentido tiene angustiarme?' Y me doy cuenta de que no puedo escapar a la pregunta por el sentido". Me quedé mirándolo sin saber qué decir. Después de un minuto de silencio remató con lo siguiente: "No puedo evitar querer comprender". Hice fuerza para no estallar. Le propuse que siguiera pensando en el asunto y lo despedí hasta la semana siguiente.
El paciente que sigue está retrasado y probablemente no venga. Saco mi libreta para escribir y escribo lo primero que me viene a la cabeza: "Gonzalo tomó la avenida y caminó tratando de no pensar en todo lo que había ocurrido esa tarde. Las vidrieras de los negocios comenzaban a iluminarse, el aire era frío, la calle estaba atestada de gente". ¿Hacia dónde va este personaje? Me muevo en la silla, levanto los ojos en el consultorio vacío y me angustio. ¿Por qué sólo puedo hacerlo deambular por calles, avenidas, plazas? ¿Hacia dónde va?
Cierro la libreta y me quedo estático con los ojos muy abiertos. En el fondo del cuarto está mi título enmarcado detrás de un vidrio. Repaso ensimismado las letras grandes: ERNESTO PATOVINO. Sólo después de unos segundos me doy cuenta de que estoy leyendo mi nombre.
jueves, 8 de febrero de 2007
Publicadas por Anónimo a la hora 8:10 p. m.
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