Suelo pensar que ciertos lugares de la ciudad tienen un ambiente algo místico que me puede ayudar a escribir, por eso tomé el subte y bajé en la estación del jardín botánico. Me detengo en la entrada y levanto la vista, miro la reja enorme y extrañamente trabajada que recibe a los visitantes. Con pasos largos, los ojos entreabiertos y respirando hondo cruzo el umbral y me adentro en un oasis. La ansiedad me apura hasta un banco no muy lejano pero rodeado de una arboleda importante y flanqueado por una fuente de incesante fluir, y una vez acomodado saco mi libreta y me dispongo a soltar las palabras. ¡Qué genuino y hermoso es mi entusiasmo! Pero nada sale y cuando me canso de mirar los renglones levanto la cabeza y miro un árbol. Intento penetrarlo con mirada de rayo láser y por suerte no lo logro.
¡¿Qué cuernos hago acá?! Me irrito y comienzo a dibujar garabatos en la libreta. Dibujo formas irregulares y también escribo 'Shit Shit!'. ¿Por qué es tan exagerado mi enojo? Extiendo los brazos sobre el respaldo del banco intentando contener la cara de irritación-llanto-desconcierto. Realmente estoy por estallar y no sé por qué...
Pero todo cambia cuando miro hacia el costado y veo una mujer hermosa desplegando una manta sobre el césped preparándose para recostarse bajo el sol. Es joven y cuando se saca la remera sus formas me atraen vivamente. Reposa en su traje de baño boca arriba y mi concentración se ha estrechado tanto que ni una gota rebasa fuera del contorno de ese cuerpo. Estoy en un estado de fascinación del que sólo se puede despertar con un sobresalto. Miro hacia todos lados. Pestañeo. Algo de cuya causa mi conciencia no participa esta por ocurrir: ¡me largo a llorar! Lloro con gotas gruesas y los ojos cerrados, con la espalda encorvada y la cabeza gacha. ¿¡Qué me pasa!? En medio de la agonía me sorprende un recuerdo que me provoca a la vez alivio y tristeza. Me acuerdo de algo que pasó aquí en el Jardín Botánico cuando era adolescente y que involucra a una muchacha y a un fracaso amoroso espectacular. ¡Grande Freud! ¡Tenías razón! En algún lugar todo queda.
¿Pero por qué estoy tan sensible? Estoy llorando como un adolescente abandonado en el Jardín Botánico. Me siento demasiado idiota. Enjuago mis lágrimas, me levanto y camino hacia la salida con la sensación de estar atrapado en la punta de un iceberg.
viernes, 9 de febrero de 2007
Publicadas por Anónimo a la hora 5:43 p. m.
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