Camino por la calle y me pasa algo extraño, porque veo de pronto la ventana de un bar por donde asoma una mesa y una silla, y me sorprende la certeza de que tengo que entrar al bar y tomar un café acá sentado. Mientras espero que me traigan el café saco mi libreta y comienzo a escribir: "Esperando en la cola del supermercado Gonzalo observó que la señora que estaba detrás de él abandonaba su lugar para mudarse a otra cola cercana, evidentemente con la esperanza de llegar antes a la línea de cajas. ¡Qué irritante le resultó aquello! Pensaba: 'Esa vieja nos ha insultado a todos'. Esperó terriblemente ofuscado a que llegara su turno y, antes de marcharse luego de haber pagado, alzó la vista y vio que aquella señora todavía tenía dos personas delante. Entonces le dijo a los gritos y en un tono asquerosamente maleducado: '¿Vio señora? De nada le sirvió creerse más lista que todos nosotros'. Y la habría insultado francamente si una voz interior no hubiese aparecido a último momento para sofrenarlo".
Le pongo azúzar al café y mientras le doy un sorbo releo lo escrito y casi suelto una carcajada. Me gusta lo que escribí y por un segundo me siento poderoso. ¡El personaje me pertenece! ¡Hago lo que quiero con él!
Todavía no se me fue la sonrisa, miro por la ventana, y mientras doy otro sorbo al café el sentimiento de siempre regresa: no sé quién es este personaje, no lo controlo, hay algo de él que no llego a entender. A veces tengo la horrenda sensación de que sabe de mí cosas que yo no sé, y entonces siento que debo prepararme para el momento en el que nos enfrentemos en una lucha a muerte.
Luego de pagar me levanto y mientras salgo del bar me dan unas ganas enormes de asegurar que no estoy loco.
jueves, 15 de febrero de 2007
Publicadas por Anónimo a la hora 11:46 a. m.
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